jueves, septiembre 01, 2011

Mar invade al río

Science. Roberto Matta


Valdivia espera al recien llegado desde el templado norte con una visión de niebla, humo de leña, frío y una llovizna mas penetrante que el diluvio mas poderoso, el día 27 de Febrero de 1999 llegaba el afuerino con su poco equipaje a un lugar nuevo, desempacando y haciendose la idea de olvidar el día en que prometió volver, el día de sol de final de verano en donde las promesas de amigos que durarían la vida entera se hacían recurrentes, ésta no era la excepción. Del sol y el viento agradable bajaba cada uno de los muebles que acomodaría en un nuevo hogar, más pequeño, más solo, más frio que el simple San Antonio, lugar de pescadores, gente mal educada ,pobreza y un corazón enorme, ahora Casa era un lugar incierto.

Conocer la ciudad es extraño, la recorría llevando el walkman con cassetes grabados en los tiempos en que era un Grunge, recordaba cuando trataba de tomar la moda de Seattle con la ropa que le regalaban sus padres, camisas que no tenían nada de leñadoras sobre remeras de playa, pantalones de tela, y un cadena que conseguías en tiendas de mascotas. La única utilidad que podía tener era enganchar las llaves de casa para no perderlas, sin embargo la tradición señalaba que debías usar un candado en uno de sus extremos para defenderte de ciertas pandillas que en realidad, fuera de las que existia en los sectores mas peligrosos no pasaban de ser un tipo de chicos que se juntaban a beber cerveza afuera de la iglesia, único centro social del sector (en esos años si no llegabas a hacer tu confirmación o a darte una vuelta por las cercanías del templo y sus instalaciones era muy dificil que consiguieras una chica era el peso de vivir en un país conservador en los 90s, época en que recién la gente se liberaba de una dictadura que entre sus dogmas estaba precisamente influenciar tu moral interna, mientras en otros lares follar a destajo era un deporte nacional).

Luego de un paseo sin sentido por la falta de compañía fue fácil perderse en la pequeña Valdivia, sus calles no tienen lógica y los ríos serpentean caprichosamente, lo cual da la falsa sensacion de una orilla recta y constante, las avenidas son circulares y cambian de nombre sin motivo .

Después de unos pasos no tuvo mas remedio que pedirle a un taxista que lo llevara a casa.

Las ciudades, como las personas, muchas veces se condicen con la primera impresión.