lunes, febrero 11, 2008

Tráeme la noche


Creo que trabajar de noche, en lo que llamamos el carrete en Chile que no es otra cosa que salir de copas , me da la posibilidad de descubrir muchas partes de la fisonomía humana de mi sociedad y también de lo que es la esencia del ser humano, me doy cuenta que necesitamos liberarnos de nuestras rutinas a como de lugar, de volvernos otros, de despegarnos del mundo un rato, de tratar de por un momento sentir que el mañana no importa, ni lo que digan de ti, ni lo que quieres conseguir, todo ello motivado con alcohol en exceso, con la promesa de que la noche será única. La noche te hace ver amor, desamores, amistades, peleas... Glamour y decadencia a la vez.

Extraño esas noches de cafés, una cerveza, en que nosotros éramos el centro y no el alcohol, que era solo acompañante porque la vida era tan buena que no necesitábamos evadirnos, la música que nos sonaba a magia, la noche es y será quien cobija sueños y pesadillas, probable que tu primer beso fue de noche, probablemente tu adultez la ha marcado la noche, probablemente has visto un rostro a la luz de la luna que se ha vuelto divino.

Desde niño fui nocturno, prefería leer en las noches, enfrentar la oscuridad en vez de temerle, disfrutar las calles vacías, y relajadas sin el trajín del día, la poesía que fluye con la medianoche, me imaginaba como sería el amor, y porque las parejas aman tanto la noche, porque los poetas y los artistas la vuelven su jornada, porque me sentía rey en ese territorio iluminado con faroles, donde nada funciona y todo se recarga.

Vivir la noche es rebeldia, es hacer lo que no debes, es llenarte de vida donde no hay luz, es amar lo que carece de colores, la noche te llama a despertar.

Pronto una entrada especial, lo prometo, estén atentos.