jueves, septiembre 29, 2011

Efectos especiales



Una noche de fin de Verano cansado por la bicicleta constante que permite mi limpio aire de la húmeda tierra austral sentía la anormalidad de no poder dormir a pesar de lo laxo y dolido de mi cuerpo, el querido Internet no ofrecía respuestas a ese insomnio que se manifestaba implacable. Recordé que Google Videos poseía algunos recitales completos, elegí para incitar al sueño a Pink Floyd en las ruinas de Pompeya, al rato de escuchar me di cuenta de la fuerza del sonido, la maestría, y lo osado de la puesta en escena en medio de ese escenario apocalíptico. Por unos momentos el sonido empieza a ser inquietantemente psicodélico, las imágenes del material volcánico brotando junto a los cuerpos transformados en estatuas después de la furia del Vesubio comenzaron a volverse macabras y perfectas para cada onda sonora. Luego de unos instantes se hacen acompañar por un perro que aullaba al compás de las notas mientras los instrumentos se volvían inciertos, casi indigeribles. Sentí que perdía mi conciencia al surgir la catarsis del concierto al mismo tiempo que mi vigilia en el camino al sueño profundo, en un instante tuve la sensación de que la música se prologaba hacia mi cama, tan fuerte era el trance que sentí que todo comenzó a moverse...

El temblor se tornó desesperante, quería salir de ese estado por todos los medios, no podía estar tan loco, si mi mente provocaba esa sensación , mi propia voluntad debía lograr que ese estado entre la realidad y lo onírico cesara para poder despertar ya que todo se volvía tétricamente desesperante, la terrible sensación parecida al ahogo de nadar sin poder llegar a la superficie del agua. En un instante logro volver a la total conciencia, abrí mis ojos y de una forma aterradora me dí cuenta que el movimiento seguía, la biblioteca de mi habitación con los libros y discos se desploma. Me levanto de golpe y al poner mis pies en el suelo , pasando por la ventana vi que desde los postes de electricidad brotaban chispas, luego todo se oscureció en un apagón repentino; casi sin pensarlo rápidamente me dirigí a un lugar seguro que siempre es cerca de la puerta principal donde se encuentran las vigas. De forma gradual todo empezó a moverse aún mas violentamente de lado a lado como un tren sin mayor soporte, danzando al son de un ruido profundo y tenebroso, se sentía el rugir (no es metáfora). Un par de minutos duró el tiempo real de todo, pero les aseguro que se percibe eterno. Era un 27 de Febrero de 2010, deseé que el epicentro de ese terremoto fuera en Valdivia porque de ubicarse en otra localidad era obvio que el país estaba viviendo una real tragedia.

Podríamos deducir que esto es ficción pero la realidad entrega coincidencias que escapan a cualquier sueño... o pesadilla.


La obra del inicio de página es parte de la muestra "Terremotos"